Esta pieza habla del vínculo con la montaña, de ese espacio donde la fuerza y la fragilidad conviven en armonía. Allí arriba, todo se vuelve esencial: solo queda respirar, sentir y dejarse abrazar por la inmensidad. Compuesta por nueve fotografías Polaroid realizadas desde el pico de Tristaina, mirando hacia el lado francés, la obra captura el lago con su forma de corazón, convirtiéndolo en símbolo de esta conexión profunda. A través de la técnica Polaroid Emulsion Lift sobre papel de acuarela, las emulsiones se transforman en una piel viva, llena de pliegues y texturas que evocan el paso del tiempo, el viento y la fragilidad de la materia. En este paisaje inmenso, el corazón del lago resuena como un eco interior, recordando la serenidad y la fuerza que nacen de sentirse parte de la naturaleza.