Cucu, cantaba la rana, cucu, debajo del agua, cucu, pasó por allí Sofía, salió el arcoiris, tomo barro de la orilla, esculpió una niña semilla, la pintó de sueños, la vestió de poesía, la sacó a pasear con la rana por la plaza al medio día. Se encontró con un gato que vivía en un zapato, se hicieron amigos, le hizo un retrato y conoció el Amor. El amor por lo vivo, lo suave, lo amigo. El amor por lo conocido, el amor que te hace cuidar, preservar, proteger, adorar, honorar. Y así, fué creciendo física y espiritualmento, con maestros amigos, de pelo, plumas y escamas, y también de pétalos y olores buenos, aprendiendo a amarlos, a conocerlos, a honorarlos, a protegerlos a cuidarlos, a ser una más. Aprendiendo de ellos el equilibrio entre el contigo y el sin tí, entre el lado doméstico y el salvaje, entre la vida secreta y la compartida. Facetas distintas en colores distintos, en materiales diversos, en vesos o en cuentos. Así es Sofía Argilés eclectica y divertida, cómo su obra con la que pretende homenajear a los animales, a su naturaleza y al vínculo maravilloso que nos une, contribuyendo a reinventar un mundo en el que el amor por ellos, por la naturaleza, nuestra naturaleza profunda, nos ayude a conocernos más y ser mejores personas (como los animales).